FLUIR CON LA VIDA

Introducción

Poema de Kavafis

Reflexión

 


Introducción

A diferencia de sus anteriores libros, que son obras de marcado carácter divulgativo sobre la Geobiología, la construcción ecológica y la salud en las viviendas, en el caso de Fluir con la vida nos hallamos ante una narrativa ágil y amena en la que se plasman una serie de vivencias, experiencias y parábolas que nos introducen en temas tan apasionantes como la salud global, la radiestesia, las corrientes telúricas, la arquitectura sagrada, los lugares mágicos o la agricultura ecológica y que se van desgranando a lo largo de la peregrinación que dos personajes alegóricos realizan por "el camino de las estrellas": la Ruta Jacobea.

Cada capítulo aborda y profundiza en aspectos vivenciales y de relación con los demás y con el entorno, siempre de la mano de los dos seres que buscan la propia realización personal. Andrés y Juan -los personajes centrales- simbolizan al niño y al adulto que todos llevamos dentro. Su camino de peregrinación -y de desapego- tiene muchos paralelismos con el camino que cada uno de nosotros recorre a lo largo de su existencia.


Poema de Kavafis

 

 

 

 

 

Cuando partas para iniciar el viaje a Ítaca

has de rogar que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de conocimientos.

Has de rogar que el camino sea largo,

que sean muchas las madrugadas

en que entrarás en puertos que tus ojos ignoraban

e irás a ciudades para aprender de los que saben.

Ten siempre en el corazón la idea de Ítaca.

Debes llegar es tu destino,

pero no fuerces nunca la travesía.

Es preferible que dure muchos años,

que seas viejo cuando fondees en la isla,

rico de cuanto habrás ganado recorriendo el camino,

sin esperar que te dé más riquezas.

Ítaca te ha dado un buen viaje,

sin ella jamás lo habrías iniciado.

Y si al llegar la encuentras pobre, no es que Ítaca

te haya engañado. Sabio como sin duda serás entonces,

sabrás lo que realmente significan las Ítacas.

adaptado por Lluís Llach en su LP Ítaca


arriba


Reflexión


Debemos aprender a fluir con la vida y a estar donde nos corresponde, dejando que todo suceda. En el momento en que no temes perder nada, llegas a poseerlo todo. El tiempo que dedicas a realizar algo -por intrascendente que sea- es tiempo vivido y no tiempo malgastado, aunque no le saques provecho dentro de ciertos cánones.

Ésta es una de las lecciones que nos transmite Fluir con la vida, magistral narración sobre los encuentros y experiencias de dos seres que buscan su realización personal. Andrés y Juan representan, alegóricamente, lo que todos llevamos dentro: el niño y el adulto.

Juan bebió en las fuentes de la espiritualidad, el misticismo e incluso el esoterismo antes de casarse y convertirse en una persona «normal», con hijos y nietos. Ya maduro, lo deja todo para emprender una peregrinación por el Camino de las Estrellas.

Andrés pasó su infancia en un barrio marginal de una gran ciudad, adaptándose al agresivo entorno con la práctica de las artes marciales. Su vida cambió al leer a Krishnamurti. Ahora sólo le mueve el anhelo de aprender, y por una de esas casualidades que no existen, se convierte en discípulo y joven acompañante de Juan. Un discípulo a veces escéptico, a veces rebelde, pero siempre sensible a las enseñanzas que sin cesar la vida le ofrece.

En el Camino de las Estrellas ambos peregrinos encuentran:

  • A un ex drogadicto con quien comparten los problemas de los estímulos artificiales y se adentran en las múltiples posibilidades que existen para liberarse de muletas y cadenas, llegando a ser uno mismo, sin dependencias.
  • Al responsable de un refugio de peregrinos, que les revela los secretos de las energías que irradian los lugares y las personas.
  • A un trovador a la antigua usanza, que derrama tesoros de sabiduría acerca de la vía del desapego, la confianza en la vida y la conciencia lúcida.
  • A una familia de campesinos, por medio de la cual Andrés se enfrenta a «las ilusiones de la vida».
  • A un viejo zahorí que les habla del Feng Shui, de los chamanes y de las problemáticas y patógenas energías telúricas.
  • A un curandero que les demuestra el infinito poder de la mente y les habla de las capacidades innatas de autocuración y autorregeneración.
  • Y a un posadero, un apicultor, una viuda e incluso una fuente y un árbol, de todos los cuales hay algo que aprender.

 


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